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5 marzo: Enganchémonos a la eficienciaenergetica

El titular podría haber sido otro más negativo y menos propositivo: “5 de marzo: desenganchémonos de la dependenciaenergética”.

Aunque parezca un símil algo radical, es como si tuviésemos una adicción que no afrontamos aun sabiendo que es perjudicial para nuestra salud. Y sí, la dependenciaenergética está claramente relacionada con la calidad de vida, y por tanto con nuestra salud.

La eficiencia energética es una práctica que busca reducir el consumo de energía. Implica utilizar menos energía para realizar lo mismo… o visto de otro modo, llevar a cabo una actividad o proceso de un modo más inteligente, evitando malgastar un recurso escaso como la energía.

Bien, el término parece sencillo de entender y, de algún modo, lo sería más si simplemente hablamos de eficiencia. Diariamente, en todas nuestras actividades, en nuestra vida diaria, buscamos eficiencia. Por ejemplo, a nadie se le ocurre ir dos veces al supermercado a comprar lo que necesita si en un solo desplazamiento puede hacerlo. Es obvio.

Parece por tanto que el término eficiencia se coordina muy bien con el de la lógica. Si podemos lograr el mismo objetivo con menos esfuerzo, menos recursos o menos dedicación de tiempo, por qué vamos a emplear más.

Es curioso sin embargo que la lógica no esté tan presente cuando hablamos del término eficiencia energética y, menos aún, cuando hablamos de nuestros edificios. Y probablemente no ocurra porque no somos capaces de ver cómo se derrocha una gran parte de la energía que empleamos, por ejemplo, para calentarnos en invierno. Si pudiésemos visualizar en tiempo real cómo se escapa el calor proporcionado por nuestro sistema de calefacción a través de nuestra fachada, cubierta, ventanas o persianas, seguramente tomaríamos decisiones. Sería como si continuamente estuviéramos intentando beber agua de una botella con varios agujeros que continuamente está teniendo pérdidas y nos está manchando. Probablemente, no exista una gran conciencia sobre la eficiencia energética en nuestros edificios porque no lo vemos. Pero eso no significa que no se estén dando esas pérdidas y que no vivamos en edificios con una eficiencia energética muy lejos de un estado óptimo. Eso sí, lo notamos mensualmente cuando nos llegan las facturas energéticas… o peor incluso, algunas personas lo notan diariamente cuando habitan edificios que no pueden permitirse calentar para obtener un mínimo de confort térmico, y ello les lleva a un estado de salud deficitario.

Por todo lo anterior, la eficiencia energética es algo que preocupa y cada año, el 5 de marzo,  se celebra el Día Mundial de la Eficiencia Energética. Se trata de recordar y concienciar sobre la importancia que tiene el ahorro de energía y la necesidad de impulsar medidas para lograrlo, reduciendo a su vez el impacto ambiental que se deriva del derroche de energía a que nuestros edificios nos obligan. Desde la Fundación La Casa que Ahorra nos sumamos a la celebración de este día y queremos hacer el llamamiento para impulsar la mejora de la eficiencia energética de nuestros edificios y contribuir al cumplimiento de objetivos ambientales y de lucha contra el cambio climático.

Seguimos pensando que la mejor energía, y que genera menos emisiones, es la que no se consume. Y no somos los únicos. Recientemente la Unión Europea aprobó un nuevo paquete de medidas que, bajo el lema ‘Eficiencia energética en primer lugar’, aumentó el objetivo de eficiencia energética previsto para el año 2030 del 27% al 30% (en reducción de emisiones de GEI) y que será el punto de partida para la próxima revisión de la Directiva 27/2012 de Eficiencia Energética.

La Unión Europea es consciente de que la rehabilitación de edificios no consigue alcanzar el ritmo necesario para contribuir, desde el sector, a la consecución de estos objetivos. Por ello, a raíz de estas nuevas medidas, también se realizará una revisión de la Directiva 31/2010 relativa a la eficiencia energética de los edificios y se trabajará en nuevos instrumentos de financiación, con el fin de eliminar una de las barreras que está impidiendo un mayor número se actuaciones en los edificios.

Este nuevo marco europeo define una hoja de ruta que España tendrá que considerar a la hora de establecer sus objetivos de eficiencia energética como país y coordinarlo con nuevos desarrollos normativos como la futura aprobación de una Ley sobre cambio Climático y Transición Energética, donde la mejora de la eficiencia energética será uno de los grandes protagonistas.

Por todo ello nos encontramos en un momento clave, donde todo indica que el momento de tomar las riendas de la eficiencia energética de nuestros edificios ha llegado definitivamente. No esperemos a que nos lo impongan, seamos proactivos y lideremos nuestro cambio, pues una mejor calidad de vida es posible en nuestros edificios y en las ciudades que habitamos.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Podemos mejorar nuestros edificios y lo primero de todo, volviendo al símil de la botella de agua, deberemos empezar por tapar los agujeros para evitar las pérdidas indeseadas (lo que implica NO disponer de una pseudo-botella). Y como no queremos disponer de una pseudo-casa, deberemos empezar por preparar nuestros edificios para que interactúen adecuadamente con el clima exterior, y de este modo reducir la energía que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades, y así evitar el derroche energético. Sólo a partir de ese momento deberemos plantear una mejora de nuestros equipos, electrodomésticos e instalaciones, o incorporar fuentes de energía renovable, que contribuyan tanto a minimizar nuestro impacto negativo en el medioambiente como a ajustar un poco más la factura energética.

¿Cómo podemos hacerlo?

  1. Solicitar a un experto que analice la eficiencia energética de tu edificio o vivienda y para visibilizar las pérdidas de energía y proponer mejoras. Es un proceso fácil, y regulado a través de  herramientas existentes como la Certificación Energética o el Informe de Evaluación del Edificio.
  2. Este experto podrá desarrollar un Plan de Actuación que comenzará actuando sobre la envolvente del edificio, aislando fachada, cubierta, suelos y/o renovando ventanas. Hay muchos tipos de soluciones que se pueden aplicar tanto en interior como en exterior.
  3. Continuará proponiendo la renovación de equipos e instalaciones e incorporando energías renovables
  4. Y en todo caso, sea cual sea la opción adoptada, modificar algunos hábitos para fomentar el ahorro de energía.

Mejorar la eficiencia energética de nuestro edificio proporcionará ahorros económicos, mejorará nuestro confort, protegerá nuestra salud y reducirá nuestra vulnerabilidad frente a incrementos de los precios o a coyunturas económicas desfavorables. Aprovechemos este día para ponernos en marcha.

 

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